Temores
La familia Gilinsky empezó a forjar, desde hace algunos años, sus negocios y fortuna con un banco. Se dice, se rumora, que tienen alianzas financieras con petroleros árabes y como buenos inversores privados, pusieron su mira en Colombia, lo que es sano como proyección de desarrollo, siempre y cuando la buena fe sea la guía fundamental de sus negocios. Lo que mucha gente se pregunta es si están aprovechando la coyuntura política que vive el país para apoderarse de activos importantes de la economía nacional, como Nutresa, por ejemplo. Ya lograron apoderarse de un 27 por ciento de acciones lo que les brindó la oportunidad de lograr un cupo en la junta directiva. Ese porcentaje corresponde a accionistas independientes, no muy poderosos, que decidieron vender, según se dice, por temor a una posible presidencia expropiadora, lo que de antemano asusta a mucha gente, compatriotas que han decidido irse de Colombia, gracias a que tienen alguna posibilidad material de buscar nuevos rumbos en países que ofrecen garantías de diversa índole.
Igualmente se dice que los Gilinsky aportaron hace casi cuatro años “algo” de dinero a la campaña de don Gustavo Petro; posiblemente también a la Iván Duque o a la de Germán Vargas Lleras, tal como hacen muchos industriales o inversionistas, colocar sus “huevitos” en distintos y variados candidatos para asegurar, de alguna manera, sus fortunas. Lo importante en ello es que esa valoración económica signifique empleo, estabilidad y fortalecimiento social y no como sucedió en Venezuela, por decir algo, donde ya montado en el poder el chafarote Hugo Chávez, aparecieron militares, políticos de distintos partidos, ricos que no se fueron de su país, asesores del nuevo poder, periodistas, conocidos como “boliburgueses”, que fueron logrando lo que el gobierno de Hugo y después de Nicolás, le quitaron a otros que fueron asesinados o se fueron, “regalando,” como reconocimiento a lealtades políticas, oportunistas como siempre, los grandes negocios estatales principalmente, amén de importantes empresas particulares que sus propietarios dejaron abandonadas por temor o por expropiación. La PVSA, la que maneja la producción del petróleo, le fue entregada al general Padrino, ministro de defensa y máximo jefe militar de nuestro antiguo hermano venezolano, quién hoy es muy rico, como muchos de sus colegas y de tantos otros. Dios ilumine a Colombia y a los Gilinsky.