Terratenientes, caudillos y militares
Lariza Pizano, realizó un análisis sobre el periodo poscolonial, o sea el de la conformación de los estados independientes(Estados-nación), que se extiende por la demora que hubo para salir de las estructuras coloniales, para lograr superar esos fardos y modernizar el Estado.
Por esta razón los cambios en la organización formal de la autoridad no supusieron transformaciones reales en el funcionamiento del sistema político.
Al investigar sobre las guerras civiles del siglo XIX, sus causas y desarrollos, uno puede observar que aún perviven conductas similares y factores en el manejo de la política y el ejercicio del poder.
Y las trapisondas, triquiñuelas y conspiraciones, para competir, y para burlar la oposición y el control al ejercicio del poder.
El sociólogo e investigador británico John Lynch, expresó en su obra sobre caudillos en Hispanoamérica que, aparecieron como parte de un proceso histórico en el cual los líderes personalistas acumulaban una serie de funciones y acrecentaban su poder de manera gradual en respuesta a intereses específicos.
El culto al caudillo fue un culto republicano, surgido en el transcurso de la guerra y la revolución.
Los habitantes de Hispanoamérica reconocían un genuino caudillo a primera vista y creían que sus actos eran los propios de su figura y no simplemente los de un presidente o general enmascarado.
El caudillo poseía tres rasgos básicos definitorios: una base económica, una implantación social y un proyecto político.
En un principio, emergió como héroe local, el hombre fuerte de su región de origen cuya autoridad emanaba de la propiedad de la tierra y el control que ejercía sobre los recursos locales, sobre todo acceso a hombres y abastecimientos.
Asimismo, poseía un historial que incluía la realización de determinadas hazañas que causaban viva impresión por su importancia o por el grado de valor demostrado en ellas.
Podemos encontrar Caudillos agrarios en Colombia y en Hispanoamérica hasta pasada la mitad del siglo XIX.
Sin confundir caudillos con terratenientes sin mando político, o con los gamonales del siglo XX, que corresponden a otra categoría .
El rasgo común de los caudillos agrarios, militares y políticos de la segunda fase en la república decimonónica( 1830 – 1863), se encuentra en su conexión con l a parte final de la guerra de independencia y la formación de la República grande (Colombia, Venezuela, Ecuador 1819- 1830).
Fueron militares sin carrera porque lograron los distintivos o charreteras en el fragor de la lucha contra los españoles.
Y luego se convirtieron en líderes regionales y estuvieron atentos a la formación de los partidos políticos.
El prototipo del caudillo agrario, terrateniente, militar y político fue el caucano Tomás Cipriano de Mosquera.
Acompañó a Simón Bolívar en la última fase de la guerra de independencia, se destacó con mucha notoriedad; luego de la disolución de la Gran Colombia, en el curso de los primeros gobiernos republicanos apoyó al presidente José Ignacio de Márquez.
Dirigió el ejército nacional para enfrentar a José María Obando, otro caudillo de esa misma región.
Actuó al lado de Pedro Alcántara Herrán, lo acompañó en su ejercicio presidencial, y posteriormente va a ejercer la presidencia de la República 4 veces .
Tomás Cipriano de Mosquera, que fue catalogado como conservador, se deslindó de ese partido, con enjundia y tenacidad ejecutó políticas públicas novedosas durante su primera presidencia, Colaboró con el gobierno de otro caudillo del mismo porte, José Hilario López , como jefe militar y político desde el gran Cauca, y luego venció y derrocó a un caudillo sectario del oro partido, al presidente conservador Mariano Ospina Rodríguez, e impulsó la formación del Olimpo radical, convirtiéndose otra vez en presidente del primer período de los liberales afrancesados e ilustrados que orientaba Manuel Murillo Toro.