Terror al cambio
Los cambios extraordinarios infunden inseguridad e incertidumbre en la mayoría de los seres humanos debido a la incapacidad de avizorar los hechos futuros.
Esta señal de confusión ante lo impredecible ocasiona que la gran mayoría de nosotros aplacemos o evitemos las novedades drásticas en el entorno, como lo son los cambios de trabajo asociados a mudanza de residencia, planes de estudio, las parejas o de todo aquello que produzca alteraciones a futuro. De esta premisa deducimos que en el transcurso de nuestras vidas optaremos por las respuestas conservadoras ante muchas situaciones que afloren el terror al cambio.
La sociedad colombiana se enfrenta a varias controversias racionales de este tenor como el derecho de las parejas homoparentales a adoptar niños, la eutanasia, la incorporación de la insurgencia a la vida pública, la modernización y transformación de nuestro paquidérmico aparato de justicia, la digitalización del sistema electoral, las modificaciones a la ley de infancia y adolescencia para disuadir a los menores infractores, hasta asuntos menos trascendentes como escoger los adecuados modelos de conservación arquitectónica de los cascos viejos en las ciudades que aun los contienen, en donde se polemiza si se recicla la arquitectura y se pone al servicio de las nuevas exigencias o simplemente se impide cambio alguno y se deja derruir lo conservable.
Por ello se hace necesario iniciar el debate constructivo en donde establezcamos las fortalezas y las debilidades de aceptar las transformaciones como sociedad del tercer milenio y dejar atrás la anticuada dependencia de las construcciones ideológicas y morales revaluadas por la ciencia, el sentido común y la realidad de edificar un futuro bien estructurado.