Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas
La pandemia partirá nuestra historia. ¡Nada volverá a ser igual! Pero antes de llegar a tan existencial conclusión tenemos que sobrevivirla.
El mecanismo de cuarentena es la mejor estrategia para contener y mitigar la propagación de la infección; sólo así se puede reducir la mortalidad directa asociada al virus -y la colateral por otras enfermedades desatendidas- al permitir el uso oportuno del sistema de salud, un inventario finito de equipos especializados y dedicado capital humano.
Pero para que la cuarentena logre su fin debe ser eficaz; si no, el sacrificio de quienes la acatan será en vano debido al mal comportamiento de otros.
Tristemente nuestra cuarentena es laxa, hecho que ocurre por tres razones: la ignorancia deliberada, la estupidez suprema y la necesidad económica del sustento diario. Para las dos primeras razones el ejercicio de la autoridad es la única respuesta posible. La tercera causa es más compleja y no se remedia con “mercaditos”.
Para asegurar que la población que no percibe ingresos de forma estable -y/o que no tiene la liquidez para hacer frente al aislamiento-, se encierre permitiendo la eficacia de la cuarentena, se hace imprescindible que pueda proveerse a ella misma el mínimo sustento vital que exige su tiempo de encierro. Se deben implementar ya las medidas extraordinarias para proveer de manera ágil -y sin costos financieros- “dinero contante y sonante”. Y la política más eficiente es la de autorizar el retiro de un pequeño porcentaje del ahorro pensional, ya que … ¿De qué sirve este ahorro si el largo plazo puede ni siquiera existir?