Todos insatisfechos

Rosa María Agudelo

La semana pasada se aprobaron en el Congreso la JEP y la reforma política, dos leyes esenciales tras los acuerdos de La Habana.

Las iniciativas terminaron su curso un año después de la firma del documento con las Farc. Estas reformas resultaban fundamentales pues debían constituirse en bases jurídicas y políticas de una nueva sociedad, aquella de la “paz estable y duradera” liderada por Juan Manuel Santos.

¡Cuál lejana está la realidad del discurso! Nadie se está creyendo el cuento ni satisfecho. Ni los llamados amigos o enemigos de la paz y ni las Farc.

Hace rato las bases del grupo guerrillero empezaron a abandonar las zonas de incorporación, los municipios donde tradicionalmente operó la agrupación están más violentos que nunca, el avance del narcotráfico está imparable y ahora los miembros del secretariado piden la “intervención” de la ONU porque no se les está “cumpliendo” con lo pactado y no se les están brindando garantías suficientes.

El Gobierno incluso llegó a plantear la necesidad de declarar una conmoción interior porque la “unidad nacional” no le estaba marchando.

Lo único que parece cierto, en lo que todos parecemos estar de acuerdo, menos el pequeño círculo de Santos, es que el país está peor que antes. El posconflicto lo que está dejando hasta el momento es una crisis institucional que pocos entienden. Los llamados a liderar este cambio no logran trascender más allá de sus intereses particulares y no parecen tener la capacidad de reinventar un Estado coherente y lógico que modernice el país.

No hemos terminado la era del “fast track” para empezar a ver las consecuencias de las cosas hechas a la carrera. ¿Cómo va a terminar todo esto? No soy optimista.

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    martes 21 de noviembre, 2017

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