Tokio: recordando a Clara Luz
Las palabras del pesista Luis Javier Mosquera, de Yumbo, cuando habló tras recibir su medalla de plata en los pasados Juegos Olímpicos de Tokio 2020, reflejan las grandes dificultades y la orfandad que padecieron los deportistas del Ciclo Olímpico, por parte del pomposo y pantallero ex ministro del Deporte, Ernesto Lucena, quien durante su gestión no hizo otra cosa si no desbaratar morbosamente toda la estructura con la cual había quedado dotado el antiguo Coldeportes por su directora Clara Luz Roldán, quien entendió que el presente del deporte en nuestro país era una tarea fundamentada en una fuerte plataforma de conexidad entre el Instituto, el Comité Olímpico y las federaciones.
Esta tarea concluyó en una matriz exitosa, bajo el liderazgo de la hoy reconocida “Dama del Deporte”, cuando Colombia en los Juegos Olímpicos de Río, además de las medallas conseguidas, sobresalió por la coherencia del trabajo, no solo de ese ciclo olímpico que se cerraba, sino la gran inversión de formación deportiva y de renovación generacional que Clara Luz dejó a todo lo largo y ancho del país, y que nos llenó de orgullo cuando Colombia recompuso su liderazgo en Juegos Panamericanos, en Juegos Centroamericanos, en Bolivarianos y Suramericanos, dándole a los colombianos argumentos para soñar en que la senda del triunfo continuaría.
Ernesto Lucena, desde que llegó a Coldeportes se dedicó, en lugar de trabajar, a montar una cacería de brujas, en busca de negociados que nunca aparecieron y que lo convirtieron por el contrario en una especie de bufón de la corte.
Quedó en el imaginario de la gente un ministro pantallero que llegaba sudoroso a su despacho, disfrazado de rutero y totalmente desconectado de la oportunidad que le dio la vida de haber continuado lo que la hoy gobernadora Clara Luz Roldan le dejó como herencia, para que en los juegos Olímpicos de Tokio no fuéramos superados hasta por Ecuador.