Trashumancia electoral

Carlos Cuervo

En un ejercicio sin precedentes, el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría anularon la inscripción de miles de cédulas.

Para el ciudadano del común, otra noticia en este cantinflesco país, pero para los afectados, la rabia y la vergüenza de ser calificados como delincuentes electorales. Porque así de tajo y sin tiempo para reclamar, se convirtieron en parias para el sistema electoral. Dos amigas muy cercanas, una médica psiquiatra y una diseñadora de joyas, entraron a formar parte de ese universo de ciudadanos excluidos para sufragar el domingo.

Ambas viven en Cali desde hace varios años y a las dos les aplicaron ese extraño criterio de inscripción de cédula en ciudad diferente a su residencia actual, ¿será porque quizás cambiarían su voto por un plato de lechona o de tamal? Solo a la autoridad electoral en su infinita insensatez se le pudo ocurrir que una persona se trasladaría 600 kilómetros de su casa, con lo costoso que resulta esta acción, únicamente para votar en unas elecciones locales, como si un voto cambiara la historia electoral de una región. Para más mortificación, para este asunto solo se tienen cinco días hábiles a partir de la notificación para que el ofendido por la acción injuriosa inicie el aparatoso trámite de reposición, por eso mis dos amigas prefirieron renunciar al intento de votar.

¿Cómo esperamos atraer nuevos votantes y bajar la alta abstención? Desde esta columna apoyé la campaña de “tu voto tiene poder”, además intenté persuadir a través de varios escritos al elector indiferente, pero ante estos hechos todo esfuerzo resulta vano. Hoy quisiera saber si esta es una nueva política subrepticia para desanimar a nuevos electores del sector de opinión. Señores del CNE, ustedes deben responder.

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    viernes 23 de octubre, 2015

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