Tregua
La directriz presidencial de iniciar la discusión sobre un cese al fuego bilateral y definitivo mide el nivel de madurez y desarrollo alcanzado en la mesa de negociación de La Habana. Adelantar la discusión sobre este aspecto tan sensible e importante es la respuesta política del Gobierno a la decisión de las Farc de decretar un cese al fuego unilateral e indefinido.
Hasta ahora, la lógica equivocada que venía marcando la pauta en el curso de la negociación había sido la exhibición de las capacidades militares, menospreciando el vasto campo de la política, que logra tener mayor eficacia si la aspiración es obtener resultados de sumatoria positiva que nos conduzcan al éxito.
En tal sentido, en una decisión política audaz, las Farc deciden silenciar sus fusiles y el Estado responde con reciprocidad agenciando el debate de la bilateralidad.
Todas las propuestas acordadas y por acordar tendrán que aterrizar en los territorios, que son en donde se adelanta la guerra y se padecen sus efectos; así que debemos prepararnos para tener en el Valle por lo menos dos zonas de concentración guerrillera, incluso antes del acuerdo definitivo, que representarían un esquema confiable de la tregua bilateral y susceptible de verificación.
Conociendo la geografía del conflicto, me atrevería a señalar que una estaría en la cordillera central (parte alta de Buga y Tulúa) y la otra en la occidental (entre Dagua y Buenaventura). Pradera y Florida se considerarían junto al norte caucano.
Propondría igualmente para la verificación del cumplimiento de la tregua al consejo departamental de paz, sin perjuicio de los organismos o instituciones que se pacten para tal efecto.
Se debe avanzar en este propósito -la tregua- como el principal mecanismo para desescalar y terminar definitivamente este conflicto.