Trump, primer año

Alberto Ramos Garbiras

Desde los primeros días del año 2017, apenas posesionado Donald Trump, escribí dos columnas para el Diario Occidente y la revista Caja de Herramientas, tituladas “Trump y el populismo”, y “Formas de populismo”, unas reflexiones sobre la conducta, las mentiras o técnica de la postverdad que utilizó durante la campaña y en prospectiva lo que sería el gobierno de este magnate inmobi-liario y populista televisivo.

Y todo ha salido como se expuso, o más grave aún por los despropósitos que ha cometido con temas en exceso, como adelantar la prolongación de un muro xenofóbico en la frontera con México, impedir la entrada de musulmanes confundiéndolos con terroristas de la Jihad islámica , desmontar el Obamacare, tratar con desdén a los inmigrantes calificando a algunos países con términos coprológicos; o peor, el manejo del tema nuclear frente a Corea del Norte e Irán, o el dislate de reconocer a Jerusalén como capital de Israel congelando de ipso facto el proceso diplomático del reconocimiento de los dos estados, única solución a la violencia prolongada.

Donald Trump no es un hombre ponderado, no es un diplomático, no es estadista, no conoce la historia universal, ni había administrado los asuntos públicos en ninguna gobernación de EE.UU.; no tiene una sólida formación académica, no sabe de política internacional, y menos de derecho internacional, inicialmente confundió a Turquia con Egipto. Los testimonios recogidos por Michael Wolff para el libro “Fire and fury”, confirman su enorme desgano para leer, por lo tanto tampoco se puede esperar que analice con detenimiento cada situación, quedando en manos de asesores. Ahora el problema que tienen la clase política y el mundo es como defenestrarlo.

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    lunes 22 de enero, 2018

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