Ubeimar y su gabinete – parte II –
Por supuesto, de la columna de ayer, no vayan a concluir los lectores que soy un iluso o que estoy invitando a un largo viaje \”al final de la noche\”. Mucho menos, que le estoy haciendo la gran venia a quien fue mi contradictor en la pasada campaña electoral.
En lo más mínimo, aquello que los vallecaucanos esperamos, es superar los estigmas de algunos despistados sectores de opinión, que siempre andan invocando al \”Mesías\” y haciendo pequeños aquelarres para que llegue el gran empresario y salve la vallecaucanidad. Debemos los vallecaucanos, a través de la academia, las organizaciones políticas y sociales, los centros de pensamiento, los grandes y pequeños empresarios, los pobres y los ricos, entre otros, asumir una mirada crítica, como el único camino para recuperar la confianza. La sola presencia en el Gabinete Departamental de avezados políticos, no es la pócima mágica para solucionar la crisis. El problema es más complejo.
La administración de Ubeimar y su gabinete político es una tregua, debe ser una transición, donde el populismo y las promesas vayan al cuarto de San Alejo. Él, debe saber que el tiempo de su mandato no puede ser para organizar las maquinarias electorales para las elecciones parlamentarias.
Debe saber, para no envilecer más la política y para no darle la razón a los críticos, que sus colaboradores deben renunciar a la costumbre de convertir las secretarías a su cargo, en directorios políticos o en una feria de favores, para crear candidatos salidos generalmente de quienes les han cargado la maleta durante muchos años o del seno mismo de sus microempresas familiares. El desafío, mi querido Ubeimar, es muy grande y nosotros los del voto en blanco, llenos de toda blancura y acompañados por \”las caras lindas de mi gente negra\”, esperamos que por lo menos, la extraviada Decencia, encuentre en usted al gran cruzado para restaurarla.