¿Un estado fallido?
“Colombia es un estado fallido”, fue la respuesta del presidente Ma-duro al trino que emitió el nuestro en el que decía que “la revolución bolivariana fracasó”. Muchos rasgaron vestiduras e incluso surgieron explicaciones no pedidas que dan fe de culpas manifiestas.
Al día siguiente de los rifirrafes estatales, amanecí preguntándome si el presidente del infeliz país vecino tendría razón, no obstante su reconocida capacidad de entablar conversaciones con animalitos irracionales.
Aquella mañana, mi madre que aguarda pacientemente la llegada del primer pago de su pensión aun habiéndola ganado hace años, me invitó a desayunar. Mientras bebía chocolate me pregunté:
¿Cuántos colombianos de la tercera edad se encuentran en este momento en la misma indigna espera de mi mamá, y peor aún, cuántos han fallecido mientras aguardaban la llegada de una pensión justamente ganada? Termino mi desayuno, me despido y conduzco. En la radio el caos de Venezuela… ¿Hasta qué punto la indiferencia y mano débil de nuestro gobierno es cómplice con el genocidio que ocurre en las calles, hospitales y hogares en los que mueren de hambre los niños de nuestro hermano país?
Cayó la tarde y ojeo la prensa. Nuevamente son los niños y niñas los protagonistas. Ahora no solo mueren de hambre en nuestro país sino que son abusados y asesinados, y los culpables; objeto de blandos castigos cuando no de indultos al amparo de un acuerdo de paz por el que, dicho sea de paso, voté No.
Si es la garantía de que exista y opere la Justicia lo que hace existir a un Estado, entonces, tristemente concluí que sí, señor Maduro, puede que usted tenga razón.