Un problema de cuidado
Amo mi ciudad: su clima, su coqueta brisa en las tardes, la felicidad de su gente, el contoneo de sus mujeres; en fin, casi todo.
Y escribo “casi todo” ya que a pesar de que no me veo viviendo en otra urbe, me ha dejado muy preocupado el deshonroso puesto que ha ocupado y que ocupa nuestra querida ciudad en el ranking de las ciudades más violentas del mundo.
Desde 2011 una ONG en México se ha puesto en la tarea de construir este aterrador ranking y nuestra Cali ha estado desde entonces entre las primerísimas: puesto 11 en el 2011, puesto 7 en el 2012, puesto 4 en el 2013 y puesto 9 en el 2014.
Durante los cuatro años, como insensato consuelo, siempre ha sido superada en violencia por Acapulco, Caracas y San Pedro Sula en Honduras.
Lo preocupante del ranking es que entre las cincuenta ciudades más violentas –violencia medida por el número de homicidios por cada cien mil habitantes-la inmensa mayoría de ellas son de Latinoamérica, lo que hace pensar y aventurar legas hipótesis: ¿Será acaso el responsable un gen común moro proveniente del periodo conquistador? ¿Obedecerá a la laxitud del sistema penal que rige en el territorio latinoamericano?
Escruto en los países árabes y compruebo que en ellos, como en los que pertenecen al lejano Oriente, rige la pena capital; pero en Europa, en la Rusia asiática y en Oceanía no, y de estos territorios no hay ninguna ciudad en la bochornosa lista.
Estamos ante un problema de cuidado que debe estar obligatoriamente en todos los programas de cuantos desean llegar a la dirección de la ciudad. Si llegásemos a solucionar este problema, Cali será una ciudad envidiable.