Un problema mundial requiere una solución mundial

Rodrigo Fernández Chois

Cuando estudié economía me embrujó la exposición de David Ricardo con la que demuestra cómo el libre flujo de bienes y servicios es lo ideal para alcanzar el máximo bienestar de todos. Sin embargo, luego advertiría tristemente que existen argumentos nacionalistas, proteccionistas y egoístas en franca oposición a tan sensata tesis. Aparecen, entonces, las barreras al tránsito de mercancías, licencias, aranceles, tarifas, prohibiciones y todo lo que el imaginario humano pudo crear.

Hoy con suma preocupación veo como estas circunstancias, que algunos calificarían de teóricas, se materializan en una surrealista pesadilla creada sobre el peor de los mundos posibles… Los hechos hablan por sí mismos:

Por un lado, la aparición de un virus que se expande desde su país de origen a 180 en un periodo no mayor a tres meses; y en propagación exponencial indiferente a credos, políticas e ideologías económicas.

Y, por otro lado, la manifestación de estúpidas posiciones –no encuentro otra forma de llamarlas- en las que afloran encumbrados nacionalismos para glorificar posturas imperiales de antaño. Presenciamos absortos como aparecen controles para limitar la circulación de recursos sanitarios, médicos, científicos y de conocimiento.

Es increíble que no se entienda que un problema mundial requiere una solución mundial. Ese es el primer paso para derrotar a nuestro enemigo invisible. Ruego a Dios para que las naciones desarrolladas comprendan la encrucijada en la que se encuentra la humanidad y obren como homo sapiens.

Habrá mayores retos después… Encontrar la vacuna es sólo el primero. Producirla en escalas gigantescas y en el menor tiempo posible, el segundo; un desafío que solo podrá enfrentar un planeta trabajando unido.

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martes 14 de abril, 2020

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