Un tema complejo

Rodrigo Fernández Chois

Matemáticamente Wody Allen tenía razón al afirmar que  “ser bisexual duplica las oportunidades de conseguir una cita el sábado por la noche”, un juicio al que si extrapolamos sus fundamentos permite concluir también que sería doble la probabilidad de encontrar el esquivo amor y la felicidad. Matemáticamente correcto, pero ¿moral, social, biológico o incluso religioso lo es?   Soy de mente abierta con el tema.

Recuerdo a Kinsey y su creencia de que la sexualidad humana no solo se divide en heterosexualidad y homosexualidad sino que existen varios matices de bisexualidad en una compleja escala  en que los extremos son la homosexualidad y la heterosexualidad exclusivas. Es más, creo que al igual que sucede con el espectro lumínico, más allá de los dos extremos encontraríamos insólitos equivalentes sexuales al infrarrojo o al ultravioleta en prácticas hedonistas no bien vistas.

Quedaron atrás los años en que a los infelices homosexuales les practicaban lobotomías y eran sometidos a choques eléctricos para corregir su posesión diabólica o enfermedad. ¡Como humanidad hemos avanzado mucho en este terreno de la sexualidad adulta! Sin embargo, con la reciente publicación del manual ‘Ambientes escolares libres de discriminación. Orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas en la Escuela’, elaborado por el Ministerio de Educación, el Fondo de Población de la Naciones Unidas, Unicef y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el tema adquiere importancia por involucrar esta vez a nuestra población infantil.

Y si somos padres debemos revisar con cuidado el tema. A primera vista pareciera una apología homosexual para contrarrestar nuestra superpoblación, pero sería maquiavélico…Ya veremos en que termina el debate.

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    miércoles 10 de agosto, 2016

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