Una jornada injusta

Rodrigo Fernández Chois

Se cumplen tres meses de aislamiento obligatorio. Noventa días durante los cuales pequeños comerciantes y empresarios hemos tenido que suspender nuestras actividades económicas y dejar de recibir ingresos. Cosa bastante distinta a lo que ha ocurrido con los gastos fijos mensuales que se han multiplicado por tres. Sin embargo, todos hemos asumido este gran sacrificio acogiendo una premisa fundamental que no tiene discusión: La vida siempre estará por encima de todo.

Por esta razón, condené con un tweet el Día sin IVA. Al ver esa mañana como hordas de irresponsables ingresaron en un almacén de cadena sin respetar los “protocolos de bioseguridad” escribí: “Esto del Día sin IVA en Colombia, en medio de una pandemia y de un aislamiento preventivo obligatorio, es la mayor estupidez que puede existir. ¡Somos francamente una especie condenada!”

La sensación general que embargó a muchos fue la de: ¿De qué sirvió todo el sacrificio de tantos si con sólo un día de irresponsabilidad se borra de un tajo lo logrado? Y luego, después de escuchar argumentos defendiendo la insensata jornada, tesis en pro de una reactivación económica que a mi parecer son traídas del cabello, surgen dos preguntas: Entonces… ¿Por qué la estrategia de reactivación beneficia sólo a las cadenas comerciales y no a todas las actividades económicas por igual? ¿Hay diferencia acaso entre una afluencia de público en un almacén de cadena comparada con la de un restaurante, un bar, una discoteca o la de un estadio para un concierto o un partido de fútbol?

Sí, el Día sin IVA dejó definitivamente un inmenso malestar entre quienes nos hemos sacrificado por el bien común.

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martes 23 de junio, 2020

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