Una paradoja absurda

No soy fan del fútbol; de hecho soy ignorante en lo que respecta al tema. Sin embargo, este deporte me permite una evocación de lo que pudo significar el trabajo en equipo de los antiguos cazadores de mamuts, labor en equipo que ha garantizado nuestra supremacía como especie.

El hecho de que nuestra selección esté hoy en el Mundial me ha obligado a vestir literalmente la camiseta tricolor. No, no me ha obligado; corrijo, me he visto seducido: esa es la palabra.

Y la mancha amarilla textil que veo a lo largo y ancho de nuestra geografía demuestra que la fascinación no es sólo mía. Vibro con todos los encuentros como seguramente lo hacen todos, pero me han impactado los desórdenes y desmanes que ocurren como consecuencia de las victorias de nuestro equipo.

Estamos ante una absurda paradoja cuya manifestación es la posible existencia de una represión socioemocional que estalla justo en el momento de celebración y que genera problemas para las ciudades colombianas; complicaciones se elevan a la N potencia cuando los trasgresores reprimidos se convierten en legión.

Entiendo que las autoridades, en su desespero por garantizar el orden público, hagan uso de todos los recursos que permite la Ley para solucionar y prevenir un inconveniente que tiene tintes de sino.

Personalmente creo que la existencia de la norma que prohíbe la ingesta de bebidas embriagantes en la vía pública es suficiente remedio si se cumpliese y se hiciese cumplir, pero no.

Y entonces nos imponen a justos por pecadores la Ley Seca; y si la Selección continúa triunfando, de pronto un Toque de Queda y hasta la Ley Marcial. ¡Estamos ante una paradoja absurda de felicidad social sin precedentes!

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    miércoles 25 de junio, 2014

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