Una reforma de fondo y no de forma
Una de las reformas más esperadas en el actual gobierno es la reforma a la justicia, que a pesar de las iniciativas de las últimas administraciones, ha fracasado.
Los proyectos presentados en anteriores presidencias se ocuparon de cambiar el sistema judicial en su componente administrativo, olvidándose de los temas que esperan los ciudadanos, como buscar mecanismos para facilitar el acceso a la justicia, una respuesta pronta para que un proceso no se resuelva cinco o diez años después de iniciadas las investigaciones, que realmente cumpla con los términos estipulados.
La reforma que se requiere es aquella que propenda por una buena atención al ciudadano, debe buscar la descongestión judicial, que es un mal que afecta el buen desarrollo de los trámites.
Contener mecanismos para exigir transparencia, la responsabilidad de que haya equidad y justicia en una sociedad recae mayoritariamente en sus jueces, si la justicia se corrompe, todo lo demás está mal.
Temas como despojar de las funciones electorales a las Altas Cortes, despolitizar el nombramiento de magistrados, reestructurar el sistema de gobierno judicial, están llamados a integrar un proyecto que busque mejorar la justicia en Colombia, pero no debe ser la esencia de la iniciativa, que tendrá que atender los requerimientos del ciudadano, al fin y al cabo son ellos la razón de ser de la administración.
Se requiere una justicia oportuna, eficiente, recta, que sus instituciones mejoren su imagen porque gozan de credibilidad y respeto, hacia esa meta deberían estar encaminadas las reuniones que buscan un consenso.
Lo más importante para alcanzar ese propósito es la voluntad de cambio.