Una renuncia docente
Cada que lo estimo pertinente pido la palabra para leer en voz alta las verdades inobjetables de la carta abierta de renuncia anticipada del profesor Pedro Hernando González Sevillano (febrero 2012), después de 33 años de docencia en el Colegio Inem. Digno de imitar por sus colegas a portas de jubilarse.
Son pocos los profesores antiguos que aún quedan en las instituciones, regidos por el decreto 2277 de 1979. Pero esos docentes tratados dignamente, coexisten a la par con colegas regidos por el inhumano decreto 1278 de 2002, siendo administrados y evaluados por rectores con estilo gerencial y criterios mercantilistas.
No se equivocó quien alguna vez pronosticó que con el nuevo estatuto el Gobierno le rompería el espinazo a la Fecode. “La pervivencia, en forma paralela, de dos regímenes diametralmente opuestos en la condición de profesor es una agresión que atenta contra el principio básico de igualdad y equidad para profesionales que desarrollan la misma actividad”, resaltó Pedro Hernando en su renuncia.
Evaluando a los “maestros 1278”, algunos rectores les miden al destajo y con sesgo revanchista cuantifican los alumnos que promocionen.
Les exigen que tengan poderes del rey Midas: basta con tocar cabezas para que sus alumnos brillen como el oro. ¿Tendrán en cuenta las normas permisivas que amparan a los menores, las incertidumbres vocacionales, la amenaza latente de apertura de rutas judiciales a profesores, la pérdida de autoridad docente, los escasos recursos didácticos, el poco compromiso de los padres y los distractores tecnológicos? “Es lastimoso ver la angustia, incertidumbre e impotencia de los nuevos profesores cada vez que termina o inicia un año lectivo”.