Una señora década
Ha transcurrido un poco más de la quinta parte del siglo XXI y no creo que sus dos décadas sean memorables, a pesar del torbellino digital y la alucinante interconectividad que nos ha convertido en un solo y gigantesco hormiguero.
La década de los sesenta del siglo pasado sigue siendo para mí, “La Señora Década”. Sí, así con mayúscula. Y me jacto de haber llegado a este orate mundo en su último año, un mesecito antes de que uno del clan homo sapiens sapiens pise la Luna.
Imposible no mirar en retrospectiva y asombrarse de lo que representó tan singular década. Un periodo para soñar como recomendó Martin Luther King a pesar de la insoportable y apocalíptica tensión de la guerra fría.
Las grandes revoluciones intelectuales que nos hicieron cuestionar la sociedad de consumo, el capitalismo y el imperialismo estuvieron a la orden del día. Ejemplo de ellas son las juveniles, las antirracistas, las antibélicas e incluso las sexuales que cambiarían por completo la relación de poder entre los dos géneros.
La liberación de la mujer y su posterior empoderamiento no habría sido posible sin la aparición y aprobación del uso de la píldora anticonceptiva.
Una pastillita que las ubicaría a ellas en el mismo escalón de los hombres en lo que se refiere a la búsqueda del placer sin el riesgo de asumir los grandes costos y responsabilidades que conlleva la reproducción de la especie.
Sin lugar a dudas fue una señora década.
Pero en lo musical, a pesar de que la beatlemania fue furor; si creo firmemente que los fabulosos Ochenta son y serán por siempre imbatibles.