Vive le amour!
No me perdía episodio. Para mí era una magistral clase de seducción ver como el galante zorrillo de los Looney Tunes intentaba conquistar a una hermosa y femenina gatita negra que por accidente había manchado su lomo con pintura blanca.
Casi que con libreta en mano tomaba apuntes frente al pesado y gordo televisor del siglo pasado.
El primero de mis apuntes: “la determinación de conquistar”. Fue gracias al zorrillo que comprendí que solo quien se atreve, es decidido y da el primer paso… ¡Conquista!
Mi segundo apunte: “Ser constante”. Huelga escribir las bondades de tamaña virtud.
El tercer apunte: “Percibirnos a nosotros mismos con altísimo valor”. El educado zorrillo se creía lo máximo, incluso ser el premio para la escurridiza gatita.
Y finalmente, y no por estar al final de la lista, la menos importante de mis infantiles conclusiones: “La importancia del buen olor”.
Desde entonces las fragancias han jugado un papel crucial en mi diario vivir. De no ser por el zorrillo no habría comprendido el inmenso y misterioso poder que tiene un hipnotizador perfume masculino en el olfato de ellas.
Sí, a todas luces se podría decir que el zorrillo era un macho alfa en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, para inmensa sorpresa mía -y como consecuencia de un artículo de prensa- el fino zorrillo se ha convertido de la noche a la mañana en el paradigma de los acosadores y violadores… ¡Plop!
Escribo estas líneas como rebeldía ante tan absurda suposición.
Pepé Le Pew, nombre del enamorado animalito y su frase “Vive le amour!” seguirá siendo para mí un gran ejemplo de seductor.