Vivir para contarlo

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Varios lectores me reclamaron porque en el tema de mi columna anterior no mencioné al Grupo Niche, ni a la Orquesta Guayacán. No fue olvido, sino que un tema tan rico requiere de mucho espacio con varias entregas. Hoy, parodiando en el título a “Gabo”, quiero llenar ese vacío.

No se puede hablar de la salsa caleña sin mencionar a Jairo Varela y a Alexis Lozano porque ellos lograron éxito mundial tras su lanzamiento desde Cali, hasta igualar a los grandes dioses de Nueva York y Puerto Rico. Claro que antes de estos dos fenómenos musicales que trascendieron fronteras, hubo varios proyectos con gran aceptación nacional, entre otros, Los Hermanos Ospino, Formula Ocho, La Gran Banda Caleña, La Identidad, Hermes Manyoma, “Piper Pimienta” Díaz y Los Latin Brother.

También debemos registrar que en Cali, ciudad de las mujeres hermosas que son como las flores, más que aparejar de bailarinas, ellas brillaron con sus propias orquestas de género y de gran calidad artística: Canela, Yerbabueba, D´Caché y Son de Azúcar. En mi columna anterior no argumenté la propuesta de que se puede profesionalizar la salsa caleña. Con el ofrecimiento de becas a los bailarines que triunfaron en el Super Bowl, la Gobernación quiere brindarles otras oportunidades profesionales. Eso está bien.

Pero hay que aprovechar a los pioneros que a pulso forjaron con la salsa una industria cultural de reconocimiento mundial. Cali tiene escuelas de baile, mercado internacional, profesores como Luis Eduardo “El Mulato”, escritores que la posicionaron en la literatura y académicos que la investigan. Posee los elementos necesarios para innovar una carrera universitaria de salsa.

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viernes 28 de febrero, 2020

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