VPH

Leonardo Medina Patiño

Debo afirmar que soy seguidor, por no decir hincha, de Alejandro Gaviria. Ese ateo excepcional que está a cargo del ministerio de salud. Pero igual debo reconocer -que como abogado- soy seguidor de la Corte Constitucional, respetuoso de sus pronunciamientos. Que aún con los bochornos que se han presentado, continúa con un análisis jurídico de rigor, en muchas de sus decisiones.

Digo lo anterior, porque al inicio de esta semana que termina, se dio a conocer el fallo de tutela T-365 de 2017, mediante el cual la Corte Constitucional exige que se debe otorgar el consentimiento informado por los padres de los menores que vayan a ser beneficiarios de la vacuna que previene el virus del papiloma humano (VPH), ordenada en la ley 1626 de 2013. No dice la Corte que la vacuna es dañina, ni que se prohíba.

Ese nefasto microorganismo que invade el cuello uterino de cáncer, con los desastres propios de esa plaga, ahora tiene más posibilidad de invadir los cuerpos indefensos.

La batalla de Gaviria no ha sido fácil. Dice él mismo en su libro de ensayos “Alguien tiene que llevar la contraria”, que existe un sector recalcitrante de la iglesia católica que ha denominado esa vacuna como “vacuna de la promiscuidad”, pero él persiste en su pelea como un esgrimista de alta competición, intentando ponernos – si quiera- en la modernidad.

Ese Ministro brillante estará disertando con otro ateo maravilloso, el escritor Julio César Londoño, el próximo lunes 4 de septiembre a las 5:00 p.m. en la plazoleta de la biblioteca departamental. Caerán rayos y centellas. Y que Dios nos coja confesados.

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    viernes 1 de septiembre, 2017

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