Ya nada sorprende
Cuando un país como el nuestro padece una corrupción del 4% del PIB, cuando la deuda externa ya no es deuda sino sobreendeudamiento, cuando el crecimiento económico del 2016 fue del 2%, cuando el consumo interno bajó abruptamente por causa de la reforma tributaria, cuando el Banco Agrario es administrado por políticos y deja de financiar al campesino colombiano para prestarle a empresas de libranzas y a organismos internacionales como Odebrecht (Navelena), corriendo el riesgo de perder la inversión, como está ocurriendo actualmente, sin que nadie responda porque de por medio está involucrado el hombre más rico de Colombia, cuando el acuerdo de La Habana se trata de utilizar para marrullerías electorales como lo hace el ministro Juan Fernando Cristo, cuando la seguridad jurídica de esta nación está permeada por corrupción y politiquería, por no mencionar otros hechos al que algunos medios no enmermelados se refieren todos los días, es que los compatriotas del común, esos que llevan del bulto por honestos y aguantadores, viven verracos y berracos de ver y oir tanta insania de las élites nacionales dedicadas a robarse el Tesoro Público.
Están acabando con los huevitos de oro para abrirle camino a populistas que quieren llegar al poder para terminar de joder a la nación convirtiéndola en otra “república bolivariana.”
Y algo curioso, si se analiza que quienes están involucrados en todos estos escándalos son mayoritariamente abogados, sin querer generalizar, pues se llega a la conclusión que algo está ocurriendo con la buena fe debida. ¿O Será algo genético en nuestra naturaleza criolla?