Desafíos 2022

Víctor Manuel García

El 2022 es un año crucial para nuestro país y como todo año con características electorales, trae consigo desafíos que como sociedad debemos afrontar.

En el ámbito político tenemos dos elecciones bastante caldeadas con características distintas a la que estamos acostumbrados en Colombia.

Por un lado están las elecciones legislativas de marzo, las cuales se llevarán condicionadas por el mayor desprestigio sufrido por el Congreso de la República en la historia reciente, el cual, por cierto, ha sido ganado al “pulso” después de diversos escándalos de muchos congresistas, que hay que decirlo, son en su mayoría afines al gobierno de turno y que en algunos casos han optado en renunciar a su curul con el fin de evitar la investigación de una de las pocas instituciones que aún son independientes políticamente hablando: la Corte Suprema de Justicia.

Sin embargo, y a pesar de este notable desprestigio, no vamos a presenciar una renovación sustancial de la corporación legislativa, básicamente por la escasa participación de nuevas figuras políticas en la contienda, lo cual se puede traducir a partir de dos razones: 1. Apatía de la población juvenil y 2. La existencia de un sistema electoral que ha llevado a costos de campaña excéntricos.

A su vez, en mayo la elección presidencial se llevará a cabo en medio de un ambiente completamente polarizado y caldeado por campañas que hasta el momento, en su gran mayoría, han mostrado un mayor interés por “atacar” a sus contrincantes que en lo verdaderamente esencial en un sistema que, en teoría, prioriza el voto programático: las propuestas e iniciativas.

Una elección presidencial que hasta el momento solo muestra dos facetas retadoras.

La primera apela por el continuismo del ejercicio del poder, que a hoy, no ha mostrado mayores resultados reales en materia social durante las últimas dos décadas, y, cuyo mayor pecado es mantenernos en la senda de ser uno de los países más desiguales del mundo.

La segunda, propone un rechazo a toda esta situación, pero en no pocos de sus planteamientos, supone un “salto al vacío” y desconocido en materia de política económica.

El país también enfrenta un importante reto en materia de credibilidad en sus instituciones, ya que para nadie es un secreto que, muchas de estas al igual que el Congreso de la República, no gozan de buena imagen y de acuerdo con algunas encuestadoras, incluso generan desconfianza derivada del accionar errático y descontextualizado de sus máximos representantes.

Por ejemplo, las próximas elecciones tienen además de lo político, un tinte adicional en materia logística, debido a la creciente suspicacia que ha generado los diversos cambios realizados al interior de la Registraduría en sus delegaciones territoriales, las actualizaciones de software y las declaraciones controversiales del registrador acerca del censo poblacional del país.

De igual forma, vemos como la Fiscalía y la Procuraduría no han estado exentos de la polémica, es más, se podría concluir que la primera no ha estado nunca por fuera del escándalo mediático, ya sea por las declaraciones fuera de base del fiscal Barbosa, por contrataciones al interior de la entidad difíciles de “digerir” para la opinión pública o por la falta de resultados contundentes en las investigaciones de gran calado, situaciones que se han visto potenciadas por la herencia de escándalos dejada por los antecesores de Barbosa.

En el caso de la segunda, no es diferente, pues no ha caído bien en la comunidad en general el anuncio de la creación de 1.200 nuevos cargos, sin un sustento claro, ya que el brindado por la procuradora acerca de la exigencia de CIDH para la creación de los mismos, ha sido rápidamente refutado por varios sectores, lo cual sumado a su persistencia de ampliar su radio de acción disciplinario hasta los cargos de elección popular, dejan un ambiente enrarecido en materia política alrededor de la “ía”.

Esto es un breve recuento de algunos de los desafíos que actualmente enfrenta nuestro país en materia política, porque en materia social, económica y de seguridad, son de tal magnitud que exige un nuevo escrito, pero más allá de eso, requiere que los líderes políticos, gremiales y académicos aúnen esfuerzos articulados para que nuestro país afronte de la mejor manera estos retos y que Colombia no vuelva al pasado cuando el país en sí mismo era el reto, siendo catalogado como un “Estado fallido” por gran parte del mundo en la década de los 90.

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jueves 6 de enero, 2022

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