Si el presidente desconoce al Congreso, rompería el equilibrio democrático que tanto dice defender.

Amenazas al Congreso, un riesgo real

Foto: Presidencia de Colombia
miércoles 30 de abril, 2025

La reciente advertencia del presidente Gustavo Petro al Senado, en relación con el trámite de su consulta popular, es profundamente preocupante.

Aunque el mandatario intente suavizar sus palabras diciendo que “no es una amenaza”, en la práctica sí constituye una presión indebida sobre uno de los poderes independientes del Estado.

Insinuar que si el Congreso no actúa conforme a su voluntad él mismo convocará la consulta por decreto, es una señal grave de desconocimiento de los principios de separación de poderes y de respeto al Estado de Derecho.

El Congreso de la República tiene la potestad constitucional de aprobar o rechazar proyectos de ley y propuestas de consulta popular, según lo considere más conveniente para el país.

Pretender que sus integrantes actúen como simples notarios del Ejecutivo no solo es antidemocrático, sino que desconoce la función de control y deliberación que el sistema republicano impone.

Tanto el presidente como el Congreso fueron elegidos por el pueblo, y ambos ejercen su mandato en representación de esa soberanía popular que Gustavo Petro invoca de manera interesada.

El verdadero peligro no es que el Congreso discuta y eventualmente niegue la consulta popular; el peligro es que el jefe de Estado sugiera que esa decisión pueda ser deslegitimada o ignorada.

Si el presidente desconoce lo que el Congreso resuelva, estaría incurriendo en lo que tanto denuncia: un golpe contra el orden constitucional.

La democracia no consiste en imponer la voluntad de un solo poder, sino en respetar las decisiones tomadas dentro de los mecanismos establecidos, incluso cuando no se esté de acuerdo con ellas.

Resulta preocupante que el tono del presidente esté llevando al país a un clima de polarización extrema, donde el desacuerdo político legítimo se convierte en motivo de señalamiento, estigmatización y movilización callejera.

Así como no es admisible que se presione a la justicia para obtener fallos favorables, tampoco lo es pretender someter al Congreso bajo amenazas veladas de ilegitimidad.

Un verdadero demócrata respeta las reglas del juego, incluso cuando los resultados no le son favorables.


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