¡Asqueante!
Ahora todos tratan de salvarse, pero unos y otros son la misma cosa.
El indignante escándalo de corrupción que sacude a las altas cortes y a la clase política colombiana es cada vez más asqueante, a medida que se conocen detalles de la forma en la que unos y otros extorsionaban y sobornaban para burlar a la justicia, surgen más dudas e inquitudes sobre la forma en la que se maneja este país y crece la incertidumbre ante lo que pueda pasar, pues, al fin de cuentas, los sectores a los que pertenecen extorsionadores y sobornadores son los mismos a los que les compete investigar y juzgar.
Ahora unos y otros juegan a hacerse las víctimas; de un lado, quien recibió responsabiliza a quien ofreció y quien pagó responsabiliza a quien pidió, aquí, aplicando el adagio popular, es tan delincuente quien pecó por la paga, como quien pagó por la peca.
Y así como en responsabilidad no se salva ninguno, preocupa que en la práctica se salven todos, pues claramente lo que se ha visto hasta el momento es solo la punta del iceberg y si el entramado de corrupción se descubre en su totalidad, podríamos estar ante una purga más grande que el Proceso 8.000. Pero volvemos a lo mismo, es el establecimiento investigando y juzgando al establecimiento, ¿hay esperanzas?
El otro tema que no se ha abordado es el origen de los recursos con los que se pagaron los millonarios sobornos. ¿De dónde saca un senador dos mil millones de pesos para comprar un fallo? A esos recursos hay que hacerles seguimiento, pues detrás de ellos puede haber comisiones, tráfico de influencias, es decir, más corrupción.
Por eso a quienes recibieron y a quienes pagaron se les deben rastrear sus fortunas, pues de nada valdría todo este escándalo si pasan una temporada en la cárcel y salen a disfrutar de lo que consiguieron de manera ilícita.