Se calcula que la reducción de la aceleración puede reducir la accidentalidad un 30%.
Bajemos la velocidad
La Alcaldía de Cali anunció que, desde mediados de diciembre, la velocidad máxima permitida en la ciudad pasará de 60 a 50 kilómetros por hora y, como era de esperarse, comenzaron los cuestionamientos de quienes están en contra de la medida, pero, más allá de esto, vale la pena revisar los argumentos de fondo, que validan la decisión de la administración local.
Según la Organización Mundial de la Salud, todos los años mueren aproximadamente 1,25 millones de personas en las vías de tránsito del mundo como consecuencia de accidentes de tránsito, la mayoría de ellos provocados por conducir en áreas urbanas a niveles de aceleración que, aunque permitidos en algunos casos, no dan tiempo al conductor a frenar o a esquivar a otro actor vial que se interponga en su camino, dando lugar a colisiones.
Por eso, la OPS aconseja regular la velocidad como principal medida para reducir la siniestralidad vial, pues los estudios indican que reducir el límite de aceleración vehicular puede representar una disminución del 30% en los accidentes de tránsito.
En el caso de Cali, los accidentes de tránsito son un problema de salud pública, pues, en promedio, cada 28 horas una persona pierde la vida en un hecho de estos; en lo corrido del año van 254 víctimas fatales. Esto sin contar los heridos, que el año pasado en Colombia fueron 34 mil, muchos de los cuales quedan con secuelas de por vida.
De lo que se trata, entonces, con la reducción del límite máximo de velocidad es de salvar vidas, y esa es una justificación contra la que no aplica ningún argumento. A menor velocidad, mayor capacidad de reacción para frenar o esquivar un obstáculo. Si usted es un conductor molesto por esta decisión, analice este dato: de los 6.329 muertos que hubo en el país en accidentes de tránsito el año pasado, 3.421, el 54%, iban manejando un vehículo.