Bloqueos
Ojalá las comunidades indígenas cumplan su anuncio de no cerrar el paso en la Panamericana.
Hace cuatro años, en octubre de 2013, la vía Panamericana fue bloqueda en tres puntos entre Cali y Popayán; durante cuatro días una manifestación indígena impidió el paso desde y hacia la capital del departamento del Cauca, donde llegaron a escasear la gasolina y algunos alimentos, y los gremios reportaban millonarias pérdidas debido al aislamiento.
Esta es la razón por la que ahora, cuando las organizaciones indígenas del Cauca reclaman el cumplimiento de los acuerdos suscritos con el Gobierno Nacional, las autoridades y los gremios de este departamento temen que la historia se repita.
Esta semana los voceros de los indígenas anunciaron que por ahora tienen descartado bloquear la vía Panamericana, y ojalá, independientemente de lo que ocurra en las conversaciones con el Gobierno, mantengan esta posición.
Más allá del debate sobre sus reclamaciones, un tema en el que hay mucho por discutir, las comunidades indígenas del Cauca deben actuar con responsabilidad y sensatez y comprender el grave daño que se ocasiona cada vez que la Panamericana es taponada.
Es tal el impacto, que la red de hospitales del Cauca está en alerta amarilla, pues estos bloqueos dificultan el traslado de pacientes desde los municipios hacia Popayán y Cali y además ocasionan desabastecimiento de insumos médicos.
Y ni qué decir del daño que se le ocasiona a la economía nacional, pues a través de esta carretera no solo se abastece la capital caucana, sino que se mueve la carga del sur del país y buena parte del intercambio comercial con Ecuador.
Durante los ocho años de Santos han hecho carrera las vías de hecho para hacer exigencias, los malos acuerdos y los incumplimientos de los mismos. Las consecuencias se han venido acumulando y hoy tenemos una economía golpeada por todos los frentes.
Esperemos que en esta fase final, el Gobierno aprenda de las malas experiencias y enfrente con éxito esta amenaza.