Buenaventura y el malecón
Al escuchar los problemas sociales de Buenaventura y al ver las prioridades de inversión que se tienen para esta ciudad, la más grande del Pacífico colombiano, es difícil ser optimista frente a la solución de los mismos. En lo socioeconómico la situación del Distrito Especial es muy preocupante, la tasa de desempleo es del 63%, la más alta del país, y cifras como las de mortalidad materna, que indican que allí mueren 192 mujeres por cada cien mil en estado de gestación, cuando la media nacional es de 70 por igual número de embarazos, prueban que los bonaverenses viven en condiciones preocupantes, pues muchos de sus indicadores son equiparables con los de países africanos.
En medio de este panorama, y ante el anuncio de una inversión por $157 mil millones para la construcción del malecón, es inevitable preguntarse si este gran proyecto debe ser la prioridad en una ciudad con las necesidades y los problemas que tiene Buenaventura.
No se trata de discutir la carencia de ordenamiento y renovación urbana que tiene la ciudad porteña, pero sí de poner en una balanza la inseguridad, la desescolarización, el desempleo y la falta de servicios de salud y demás necesidades primarias de los bonaverenses y determinar si esta gigantesca inversión contribuirá a suplir esos elevadísimos índices de necesidades básicas insatisfechas.
Año con año pasan las administraciones locales y los problemas de Buenaventura no menguan, al contrario, muchos de ellos aumentan, y si bien es cierto que las soluciones no han llegado porque la Nación y el resto del Valle se han desentendido en gran medida de los problemas del puerto, también es cierto que a los alcaldes les ha faltado capacidad no sólo para levantar la voz, reclamar y hacerse sentir, sino también visión para priorizar las inversiones en proyectos que generen oportunidades, que es lo que la gente necesita.