El reclutamiento de menores amenaza el presente y el futuro de Cali
Jóvenes en la mira del crimen
El aumento del reclutamiento de menores en Cali confirma un fenómeno que se repite en todo el país: la vulnerabilidad de los jóvenes frente a la violencia.
El Estado los abandona al no ofrecer oportunidades valiosas, pero paradójicamente los protege con una legislación que suaviza sus penas cuando delinquen.
Es una fórmula perversa que los convierte en presa fácil para estructuras criminales que saben que un adolescente les representa bajo riesgo judicial.
El caso del asesino de Miguel Uribe, que solo tendrá siete años de sanción, muestra cómo la ley puede ser usada en favor de quienes destruyen vidas y comunidades.
La violencia se recicla porque los jóvenes encuentran en el crimen una falsa ruta de progreso, mientras la deserción escolar y la falta de acceso a empleos dignos amplían el terreno fértil para estas organizaciones.
Hoy las disidencias de las Farc, el ELN, el Tren de Aragua y carteles internacionales operan en sectores de Cali donde el control territorial se impone sobre la presencia del Estado; La Personería lo viene denunciando, ya lo hizo la Defensoría del Pueblo y lo confirmó el Ministerio de Defensa.
Allí, plataformas digitales como TikTok y Facebook son el nuevo campo de batalla: se disfrazan de oportunidades deportivas o laborales para capturar adolescentes que terminan convertidos en soldados del crimen.
La magnitud del reto exige más que acciones aisladas. No basta con rescatar a quienes ya fueron captados, es indispensable construir entornos seguros, con inversión social y presencia real del Estado, para que el crimen deje de ser una opción atractiva.
Si la sociedad no salva a estos jóvenes de esa trampa, serán ellos quienes después se conviertan en los verdugos de la misma sociedad que hoy los deja a merced de la ilegalidad. Esa es la urgencia.