Las fotomultas son una herramienta necesaria para el control vial en una ciudad como Cali, pero su efectividad real se cimienta en la educación y concienciación de conductores
Cali y las fotomultas
La instalación de 38 cámaras de fotodetección en Cali, la mitad ya operativas, revivió el debate sobre la efectividad de estos dispositivos y su rol en una ciudad marcada por la indisciplina vial.
Para muchos, estas cámaras representan un recordatorio constante de que el cumplimiento de las reglas es esencial para la seguridad en las vías.
¿Por qué deberían preocuparse aquellos conductores que respetan los límites de velocidad, mantienen al día su documentación y acatan las restricciones de circulación? En teoría, la presencia de fotomultas no debería inquietarles.
Después de todo, para quienes obedecen las normas, estas cámaras no son más que herramientas de aseguramiento de la convivencia vial.
Sin embargo, la realidad es que Cali enfrenta una problemática arraigada de indisciplina en las vías. El incumplimiento de normas básicas de tráfico es una práctica común.
¿Son las fotomultas la solución definitiva a esta problemática? Sin duda, son un mecanismo de control, pero no pueden ser el único recurso.
Es crucial reconocer que el propósito de estas cámaras no debe limitarse al recaudo económico por infracciones. La verdadera meta debería ser la educación vial.
¿Cómo lograrlo? Es un reto que demanda acciones más allá de la simple imposición de multas. Se necesitan campañas educativas efectivas, programas de concienciación y una cultura que fomente el respeto por las normas viales.
Es indudable que las cámaras de fotodetección pueden disuadir comportamientos irresponsables en las vías, pero su efectividad a largo plazo depende de la concienciación y la formación de conductores responsables.
El ideal sería llegar a un punto en el que estos dispositivos de control no sean indispensables, porque la conducta vial sea intrínsecamente respetuosa y responsable.