Corrupción
Hay que pasar de la indignación a la acción frente a este flagelo.
Días después de que el veterano senador Roberto Gerlein dijera en una célebre entrevista que no cree que “nadie se haga rico como congresista”, la captura del senador Bernardo Miguel (Ñoño) Elías, a quien las autoridades responsabilizan de supuestamente haber recibido millonarios pagos (se habla de $1.600 millones) por su intermediación para la asignación de una adición presupuestal a un contrato público, parece dejar sin piso la teoría de quien lleva 50 años ejerciciendo como congresista.
Como era de esperarse, tanto las declaraciones de Gerlein como la captura de Elías causaron indignación, pues el grueso de los colombianos no aprueba el salario de los legisladores y mucho menos justifica que algunos miembros de las corporaciones públicas reciban coimas por servir a los intereses de particulares.
Si bien no se puede generalizar ni se puede dar por culpable al senador capturado, quien tiene todo el derecho a la presunción de inocencia y a la legítima defensa, casos como éste explican porqué el Congreso de la República tiene una desaprobación del 77%. Lo peor es que más congresistas podrían terminar procesados por el caso Odebrecht.
Y es que mientras unos además de tener un millonario salario, reciben altas sumas por pagos ilegales, los colombianos de a pie, la gran mayoría, no solo ve cómo el costo de vida es cada vez más alto, sino que debe, vía más impuestos, pagar esos millonarios salarios y también esas coimas.
Pero hay que pasar de la indignación a la acción, y la oportunidad para hacerlo es el referendo contra la corrupción, que además de reducir los salarios de los congresistas, busca implantar castigos más severos para quienes se queden con los recursos públicos. De nada sirve rasgarse las vestiduras y no hacer nada para cambiar el país.