Hay que ser conscientes del valor de la democracia

Cuando se pierde la democracia difícilmente vuelve

viernes 15 de abril, 2022

Los ciudadanos de algunos países han votado movidos por la venganza contra el establecimiento y los castigados han sido ellos mismos.

Qué se iban a imaginar los venezolanos, cuando eligieron presidente a Hugo Chávez, en diciembre de 1998, que la llegada al poder del fundador del socialismo del Siglo XXI, marcaría el fin de la democracia en su país.

Desde entonces han transcurrido 23 años a lo largo de los cuales el chavismo se apoderó de todos los espacios de poder y, aunque cada tanto se realiza la pantomima de un proceso electoral para tratar de darle “legalidad” a la continuidad del régimen, hoy nadie, con excepción de sus pares ideológicos, duda que Nicolás Maduro es un dictador.

Hay cosas con las que no se debe jugar, y la democracia es una de ellas. Es claro que los venezolanos, cansados con su clase política, no midieron las consecuencias de elegir a un presidente inspirado en los ideales de Fidel Castro, uno de los más crueles tiranos que ha dado América Latina y, en una evidente actitud de venganza, votaron contra el establecimiento sin ser conscientes de que, en poco tiempo, ese voto se convertiría en un voto contra ellos mismos.

Es lo mismo que les pasó a los nicaragüenses, que eligieron al exguerrillero Daniel Ortega, que se presentó como aliado y salvador del pueblo, pero se entronizó en el poder, tomó el control de todas las instituciones y convirtió al país centroamericano en una república bananera en la que cada vez se restringen más las libertades.

En Nicaragua, al igual que en Venezuela, y como ocurre en Cuba hace más de medio siglo, los ciudadanos pueden ir a la cárcel por el simple hecho de cuestionar al régimen, algo que en países libres como Colombia se puede ejercer con garantías.

Hay que ser conscientes del valor de la democracia, para no arriesgarla.

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