Ojalá los ciudadanos no caigan en estas trampas y se concentren en conocer bien a los candidatos
Cuidado con la campaña sucia
Entró en la recta final la campaña para las elecciones del próximo 29 de octubre y todo parece indicar que, contrario a lo que debería ser, los dos últimos meses de actividad proselitista estarán marcados por los escándalos y no por las propuestas y las ideas, como debería ser.
Comienza a notarse en algunas campañas una creciente tendencia a tratar de desprestigiar a los otros candidatos y no a posicionar al propio.
Lamentablemente en Colombia, y Cali y el Valle no han sido la excepción, la definición de estrategia política parece hacer referencia a las acciones de comunicación para desprestigiar a los rivales y no para posicionar una propuesta. En la lógica de quienes validan estos métodos maquiavélicos, se considera como el mejor estratega a aquel que más trampas pueda urdir.
Lo grave de esto es que los escándalos destapados o creados con intención política hacen que el debate electoral, que debe ser la esencia de la campaña, pase a un segundo plano y que las propuestas sean reemplazadas por peleas y rumores que sólo sirven para alejar más a los ciudadanos de la participación política.
En su ciega obsesión por el poder, algunos candidatos y sus equipos no se dan cuenta de que este tipo de artimañas ya no calan en la gente, pues se volvieron predecibles en sus jugadas y muchos ciudadanos han desarrollado anticuerpos contra la campaña sucia.
No se trata de callar si hay posibles irregularidades en una campaña o si hay indicios de acciones ilegales de parte de un personaje cercano a un candidato, es deber ciudadano dar parte a las autoridades; lo reprochable es difundir información con el propósito de manipular al electorado.