El proceso de paz estimuló el crecimiento de los cultivos ilícitos

Cuidado con los cocaleros

domingo 28 de julio, 2019

Que los cultivadores de coca estén organizados y se atrevan a protestar ante la posibilidad de que se retomen las fumigaciones aéreas es una muestra del avance que ha tenido la cadena del narcotráfico en nuestro país en los últimos años.

Hace pocos días en Jamundí, municipio en el que se calcula hay cerca de 1.500 hectáreas de plantaciones ilegales, la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana del Valle del Cauca, Coccam, realizó una marcha para manifestar su rechazo a que se retomen las aspersiones con glifosato.

Más allá de las discusiones que se puedan dar en torno a los efectos de este pesticida en la salud humada, resulta inadmisible que desde la ilegalidad se trate de bloquear decisiones del Gobierno Nacional.

Sea cual sea la razón por la que los cocaleros de Jamundí terminaron en el mundo de los cultivos ilícitos, validarlos como interlocutores y reconocer su agremiación equivaldría a normalizar sus plantaciones.

Lo que haya que discutir sobre la erradicación de cultivos ilícitos debe hacerse en los escenarios institucionales, en el Congreso, en la academia, pero bajo ninguna circunstancia puede hacerse con quienes podrían estar influenciados o incluso manipulados por los carteles del narcotráfico.

La forma en la que se manejó el tema del narcotráfico en el proceso de paz estimuló el crecimiento de los cultivos ilícitos que hoy tiene “empoderados” a los cultivadores de coca; por un lado, se replegó a las Fuerzas Armadas, lo que permitió que vastas zonas se inundaran con estos sembradíos, y por el otro se eximió a los cabecillas de las Farc de sus responsabilidades en el tema de las drogas. Esto coincidió con la suspensión de las fumigaciones por un fallo de la corte Constitucional, lo que derivó en la compleja situación que tenemos hoy.

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