El crecimiento del parque de motocicletas exige control, sanción y, sobre todo, una pedagogía sostenida

Motos, cultura vial y una tarea pendiente

viernes 23 de enero, 2026

Un accidente ocurrido esta semana en Cali, en el que se vieron involucradas tres motocicletas, vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero necesaria: ¿qué vamos a hacer frente a la falta de cultura vial que sigue cobrando vidas en las calles de la ciudad? No se trata de estigmatizar a quienes se movilizan en moto, porque no todos los motociclistas son imprudentes ni irresponsables. El problema es otro y es estructural.

La evidencia es contundente: el exceso de velocidad, el no uso del casco, el desconocimiento de las señales de pare y los semáforos, la conducción en contravía, la invasión de ciclorutas, andenes y pasos peatonales se repiten con demasiada frecuencia.

Cada una de estas conductas incrementa el riesgo no solo para quien va en la motocicleta, sino también para peatones, ciclistas y demás actores viales.

El resultado es un saldo doloroso de lesionados y muertos que, año tras año, confirma que algo no está funcionando.

Cali enfrenta un desafío adicional: el parque automotor de motocicletas sigue creciendo. Para miles de ciudadanos, la moto es una herramienta de trabajo, un medio para ahorrar tiempo y dinero, y una solución frente a un sistema de transporte público que no siempre responde.

Ese crecimiento, sin embargo, no ha venido acompañado de una transformación cultural equivalente. Más motos en la calle, sin una educación vial sólida, es una fórmula peligrosa.

El control es necesario. Los operativos, las multas y los comparendos cumplen una función disuasiva y envían un mensaje claro sobre la autoridad de la norma.

Pero el control, por sí solo, no alcanza. La pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿Cuándo y cómo vamos a apostar de verdad por la pedagogía?

La ciudad necesita una estrategia integral de educación vial, creativa y permanente, que hable el lenguaje de la gente y que no se limite a campañas esporádicas.

Una pedagogía que empiece en colegios, que se extienda a los centros de formación, a las empresas de mensajería y domicilios, y que llegue a los barrios donde la moto es protagonista.

Una pedagogía que no humille ni criminalice, pero que sea clara y firme sobre las consecuencias de la imprudencia.

Este no es un problema exclusivo de los motociclistas, pero sí es allí donde hoy se concentra una parte importante del riesgo. Reconocerlo no es discriminar, es asumir la realidad.

Cali debe decidir si sigue reaccionando a punta de sanciones y tragedias, o si da el salto hacia una cultura vial basada en el respeto, la corresponsabilidad y el cuidado de la vida.


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