De diálogos e intromisiones

sábado 5 de octubre, 2013

Aunque pueda parecer un tema irrelevante, la polémica por los viajes de políticos a La Habana, Cuba, para sostener reuniones con los cabecillas de las Farc por fuera de la agenda de diálogo entre los voceros del grupo armado ilegal y los negociadores del Gobierno Nacional, tiene más trascendencia de lo que muchos creen.

Si bien es cierto que, como lo dijo el fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, no es un delito viajar a Cuba y hablar con los subversivos, este tipo de encuentros podrían agregarle más dificultades al ya complejo y enredado proceso de negociación.

Es claro que la salida de los voceros de las Farc hacia Cuba se autorizó con la única intención de negociar con el Gobierno colombiano en busca de un acuerdo para poner fin al conflicto con este grupo armado, no para que la guerrilla haga política ni para que políticos con afán de protagonismo o quién sabe con qué intenciones monten una agenda paralela a la establecida entre los equipos negociadores hace ya más de un año.

Los acercamientos políticos con las Farc por fuera de la agenda no son más que interferencias que nada le aportan al proceso, pero que sí pueden hacerle mucho daño. Una de las razones por las que este intento de negociación con la guerrilla se realiza fuera del país es evitar que los diálogos se conviertan en una romería similar al del proceso de paz de San Vicente del Caguán, al cual, lamentablemente, cada día se parece más, pues no sólo la actitud de la guerrilla sigue siendo la misma de hace quince años, sino que ahora políticos sin capacidad de decisión van a hablar cuando quieren y de lo que quieren con los cabecillas guerrilleros.

En un proceso prácticamente fracasado, estas intromisiones, contrario a salvarlo, sólo sirven para acercarlo más al abismo.

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