El modelo estatista fracasó y limita la libertad, la propiedad y hasta la comida.

Ser como Cuba no puede ser una opción

martes 5 de mayo, 2026

Colombia se acerca a una decisión electoral que puede redefinir su rumbo económico y político. En ese contexto, preocupa que resurjan propuestas que amplían el papel del Estado hasta niveles de fuerte estatización, con referencias que evocan modelos como el cubano.

No se trata de una comparación retórica, sino de una advertencia basada en hechos, pues el modelo cubano no admite ambigüedades, es un fracaso probado.

Durante décadas, mucho antes de cualquier medida adoptada por el gobierno de Donald Trump, la isla ya vivía escasez crónica, baja productividad, restricciones a la iniciativa privada y control estatal sobre amplios aspectos de la vida cotidiana.

No es una crisis reciente, sino el resultado de un sistema que concentró el poder en el Estado.
Ese modelo es profundamente limitado.

Restringe la propiedad privada, limita la creación de riqueza y reduce los incentivos para producir, invertir y emprender.

En consecuencia, la economía se estanca y los ciudadanos dependen del Estado incluso para acceder a bienes básicos.

Esa dependencia no solo es económica, también es política.

En ese contexto, la centralización no resolvió desigualdades, sino que consolidó precariedad.

Por eso, plantear e Colombia esquemas de mayor estatización sin reconocer esos antecedentes resulta riesgoso.

A mayor concentración de poder, mayores incentivos a la corrupción y menor capacidad de control ciudadano.

La ausencia de competencia reduce la calidad de los servicios y afecta directamente a los usuarios.

La realidad cotidiana de los cubanos refleja con crudeza las consecuencias de ese modelo. Las raciones de comida están limitadas, el acceso a productos básicos de aseo es restringido y las largas filas hacen parte de la rutina para conseguir bienes esenciales.

Comprar ropa o un electrodoméstico se convierte en un lujo inalcanzable para la mayoría, mientras las fallas en el suministro de energía eléctrica evidencian la fragilidad del sistema.

Esa es la cara concreta de un esquema que en campaña suele prometer equidad, pero que en la práctica termina repartiendo escasez.

Lo único que este modelo vuelve común para todos es la pobreza.


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