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viernes 13 de mayo, 2016

Si el Gobierno no actúa pronto, las bacrim llegarán a ser tan poderosas como las guerrillas.

Una noticia muy importante, que puede tener consecuencias insospechadas a futuro, se perdió en la última semana en la maraña informativa de Colombia: el Ministerio de Defensa redefinió el estatus de las bandas criminales, que ahora son llamadas grupos armados organizados, gao.

La decisión tiene como finalidad permitir bombardeos contra estas organizaciones delincuenciales, que al ser catalogadas como bandas criminales solo pueden ser combatidas por la Policía. En adelante, con su nueva clasificación, serán objetivos también de las Fuerzas Militares.

Hasta ahí todo bien, pero nadie ha preguntado por las implicaciones políticas que tendrá el cambio de estatus de bandas criminales a grupos armados organizados; ¿acaso al cabo de un tiempo el Estado se sentará también a negociar con estas organizaciones?

Si Colombia está negociando con las Farc y espera hacer lo mismo con el ELN, debe asegurarse de que los espacios que estas guerrillas dejarían no serán copados por otras organizaciones al margen de la ley, o, de lo contrario, los procesos de paz serán en vano.

No puede ser que el Estado colombiano se la pase de negociación en negociación con cuanta agrupación de delincuentes aparezca; por eso la persecución de las bacrim, gao o como se llamen debe ser efectiva para evitar que sigan creciendo y se conviertan en actores armados tan poderosos como lo fueron las guerrillas.

El sofisma de los procesos de paz con las Farc y el ELN lleva al país a visiones románticas que rayan en la ingenuidad, olvidando que la firma de los acuerdos con las guerrillas, si se dan, no garantizan la tranquilidad ni la seguridad que los colombianos esperan porque hay otros actores armados que amenazan ese sueño.

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