El ataque contra un vehículo civil en medio de los disturbios de la Universidad del Valle muestra cómo algunos sectores pretenden ejercer presión política con violencia
La izquierda no puede callar frente a la violencia de los encapuchados
El ataque contra un vehículo civil en medio de los disturbios de la Universidad del Valle muestra cómo algunos sectores pretenden ejercer presión política con violencia.
El ataque con una papa bomba contra un vehículo particular en el que se movilizaban tres personas, entre ellas una niña de apenas 3 años de edad, constituye un hecho que no admite matices ni justificaciones.
Aquí no se puede hablar de protesta, fue un acto criminal.
Los disturbios protagonizados por encapuchados en la Universidad del Valle vuelven a evidenciar una realidad preocupante: la existencia de grupos que recurren a la violencia para imponer mensajes políticos, poniendo en riesgo a ciudadanos que nada tienen que ver con sus causas o intereses.
Lo ocurrido adquiere una gravedad adicional por el contexto electoral. Desde hace semanas han circulado grabaciones, mensajes y denuncias que vinculan a sectores radicalizados con actividades de respaldo a la candidatura presidencial de Iván Cepeda.
Incluso se han conocido llamados a promover acciones de hecho y alteraciones del orden público en caso de que el candidato del Pacto Histórico no resulte elegido el próximo 21 de junio.
Aunque corresponde a las autoridades establecer responsabilidades, resulta inevitable que estos episodios sean interpretados por muchos ciudadanos como una forma de presión política.
Y el miedo nunca puede convertirse en una herramienta de campaña.
Tan grave como el ataque mismo es que algunas personas intenten justificarlo o, peor aún, culpar a las víctimas por encontrarse en el lugar donde ocurrieron los hechos.
Ningún ciudadano tiene la obligación de anticipar que un grupo de encapuchados lanzará explosivos.
La izquierda democrática, como cualquier otra corriente política legítima, tiene la obligación de rechazar sin ambigüedades cualquier forma de violencia, no puede justificarla ni guardar silencio cuando quienes la ejercen dicen actuar en nombre de causas afines.
Las autoridades deben identificar, capturar y judicializar a los responsables, y la Universidad del Valle debe facilitar todos los mecanismos para que estos delincuentes sean individualizados.
Las elecciones se ganan con votos, no con explosivos. La democracia exige argumentos, no intimidación.