Ecos de la marcha
Multitudinaria fue la marcha del sábado contra el gobierno Santos. El presidente no puede desconocer este tipo de acciones ciudadanas.
La fortaleza de una democracia radica en la participación ciudadana en diferentes escenarios. La marcha del sábado, opacada por la tragedia de Mocoa, no puede desconocerse ni minimizarse. Miles de colombianos ejercieron en forma pacífica su derecho a la protesta y le manifestaron de manera legítima al Gobierno su inconformidad por el rumbo que está tomando el país. Se equivocan los voceros del Gobierno y sus seguidores al descalificarla por la participación de algunas personas.
Tampoco es correcto que el Presidente actúe como si no hubiera sucedido. Santos no puede usar la tragedia de Mocoa para evadir la inconformidad creciente que embarga al país. El Presidente debe hacer un esfuerzo para gobernar para todos y sobre todo por solucionar los graves problemas estructurales. Si bien es cierto que hay un sector inconforme con la implementación de los acuerdos de las Farc, hay otros cuestionando el rumbo de la economía, la indiferencia ante la corrupción, la falta de acción en la crisis de la salud y la poca determinación para reformar la justicia y la educación, que funcionan a medias.
El Gobierno tiene muchos pendientes y el tema de la paz lo usa para evadir el resto de sus responsabilidades. Colombia no pasa por un buen momento, esa es una realidad que no podemos simplificar en elementales posiciones políticas entre santistas y uribistas. La polarización viceral básica a la que nos han llevado los políticos tradicionales de todas las vertientes es la forma más fácil de perpetuar el estado de las cosas. Si los colombianos despertaran las marchas serían convocadas por otros, los motivos más amplios y a las calles saldrían millones.