El campo
El paro agrario desnuda a un gobierno que está de espaldas a los campesinos.
Aunque la mayoría del país permanezca indiferente ante el paro agrario que inició el pasado fin de semana, si las demandas de los campesinos no se atienden correctamente, tarde o temprano todo el país, no solo ellos, se verá afectado.
Este paro tiene su origen en el incumplimiento por parte del Gobierno Nacional de los acuerdos suscritos en 2013, cuando se dio una protesta similar. Los incumplimientos son tan protuberantes que el propio Gobierno reconoció que hay demoras para implementar lo pactado.
Que hayan pasado tres años sin cumplir los acuerdos sugiere que el agro, el sector rural, no es prioritario para el Gobierno, y aunque en el campo vive solo el 36% de la población colombiana, a quienes más debería preocupar este tema es a quienes hacen parte del otro 74%, es decir, a quienes viven en los centros urbanos, pues lo que está en juego, además del bienestar de los campesinos, es la seguridad alimentaria de quienes habitan en las ciudades.
Vivir del campo hoy no es rentable, pero comercializar los productos del campo sí, y cada vez más; este es un negocio en el que pierden los campesinos, que tienen que vender sus cosechas a muy bajos precios, pierden también los consumidores finales, que los compran caros, y ganan los intermediarios, que los venden a los precios que les da la gana.
Las políticas del agro no deberían depender de presiones como este paro, el campo debería ser una prioridad para el Gobierno Nacional, pero, por el contrario, el abandono que se vive en las zonas rurales hace que nadie quiera vivir allí, que nadie quiera vivir de la tierra, porque el trabajo es muy duro y la recompensa, si se le puese llamar así, es indigna.
Ojalá el Gobierno Nacional entienda esto y cumpla los acuerdos.