El enredo de la paz
En su afán de firmar a toda costa, el Presidente puede cometer el error de declarar el cese al fuego bilateral.
Las declaraciones contradictorias del presidente de la República, Juan Manuel Santos, y del máximo jefe de las Farc, Timoleón Jiménez, alias “Timochenko”, sobre la fecha en la que se firmarían el acuerdo final del proceso de paz dejan mucho que desear. Mientras que el Mandatario dijo que sería el próximo 20 de julio, el cabecilla guerrillero manifestó que fijar fechas le hace daño a los diálogos y aseguró que “aún falta pelo pal moño”.
¿Cómo entender que los jefes de los dos equipos que llevan tres años y nueve meses dialogando en La Habana tengan visiones tan contrapuestas sobre el proceso de paz?
Mientras que el ansia del Jefe de Estado por suscribir el acuerdo final es evidente, al punto que está presionando a los colombianos para que voten favorablemente el plebiscito, es claro que las Farc no tienen prisa, a la guerrilla, por el contrario, le conviene dilatar las negociaciones, pues así aumenta el desespero del Mandatario. De esta forma, al contradecirlo públicamente, la guerrilla no solo ridiculiza al Presidente ante la opinión pública, sino que lo vuelve más frágil ante sus exigencias. Que a nadie se le haga raro que en este punto, en el afán de mostrar avances, Santos cometa el error de declarar un cese al fuego bilateral con las Farc.
Declarar el cese bilateral de manera anticipada, sin que se haya firmado el acuerdo final y la guerrilla haya entregado las armas, equivaldría a convertir a todo el país en una gran zona de despeje en la que el grupo armado ilegal podría hacer y deshacer sin que las Fuerzas Militares puedan actuar.
Si firmar rápido implica ratificar un mal acuerdo y hacerle más concesiones a la guerrilla, es mejor esperar.