El entierro del tren
Contrario a un proyecto que entierre definitivamente el tren, Colombia necesita uno que lo reviva.
Colombia es un país atrasado en materia de transporte, prueba de ello es que desde 1990, por una errada decisión del entonces presidente Virgilio Barco, se acabó con el ferrocarril. Desde entonces, solo opera el tren que mueve el carbón en La Guajira, han funcionado de manera intermitente algunos trenes turísicos y se han hecho varios intentos por contar con un tren de carga entre Buenaventura y el interior del país.
Ahora, con un proyecto de ley que busca entregar las vías férreas, actual propiedad de la Nación, a los municipios, se podría enterrar para siempre la posibilidad de que el tren regrese, pues cada localidad podría darle el uso que mejor le parezca al trazado en su jurisdicción. Algunos alcaldes ya hablan de pavimentar las carrileras para transformarlas en vías convencionales.
Colombia tiene una red férrea de 3.304 kilómetros, y aunque muy pocos tramos están en buen estado, recuperarlas para poner de nuevo en funcionamiento el tren de carga y de pasajeros le daría un gran impulso a la competitividad nacional.
Mover carga en tren cuesta en promedio 25% menos que en el transporte convencional, pues la capacidad abarata el costo, éste medio de transporte es mucho más seguro, más rápido (por utilizar un corredor exclusivo) y genera menos contaminación. Con estas características, ¿por qué enterrar definitivamente la posibilidad de que vuelva el tren? ¿Cuáles son los intereses que hay detrás de este proyecto de ley?
Sólo en el Valle hay dos grandes ejemplos de los beneficios que traería el aprovechamiento de la vía férrea: un tren de cercanías entre Cali y los municipios vecinos, que tendría gran impacto en la movilidad, y un corredor férreo activo a Buenaventura para evitar que el flujo del comercio internacional dependa de la problemática carretera al puerto.