El puente roto
El caso del puente de Juanchito, deteriorado por el paso de los años, el aumento del tráfico y, sobre todo, la falta de mantenimiento, es fiel reflejo del abandono de la infraestructura pública por parte del Estado, que en la mayoría de casos interviene cuando las refacciones sirven de poco y es mejor tumbar y volver a construir.
Los ejemplos abundan, la malla vial de Cali es uno de ellos: por más de una década el mantenimiento fue casi nulo, y hoy, con las calles llenas de huecos, se requieren grandes sumas para recuperarlas; es tan avanzado el deterioro que por más trabajos de reparcheo y repavimentación que se hagan, el problema no se acaba.
Obviamente este es un problema en el que los recursos son factor crítico; en medio de tantas necesidades, lo urgente siempre le quita los pocos recursos que hay a lo importante; sin embargo, ahí está el reto de las administraciones públicas, en gestionar obras más allá de las limitadas arcas de los entes territoriales, en buscar alternativas de financiación. Sin embargo, lamentablemente, en la mayoría de los casos, la infraestructura se deja deteriorar porque \”no hay plata\”.
El puente de Juanchito, con medio siglo en funcionamiento, no sólo representa un peligro para quienes a diario se desplazan desde Florida, Candelaria y el norte del Cauca hacia Cali y viceversa, sino que también es un punto de embotellamiento que afecta la calidad de vida de quienes viven en los municipios vecinos y trabajan o estudian en la capital del Valle, y, además, atenta contra la competitividad de la zona.
Por lo anterior, la anunciada reparación de la vetusta estructura sobre el río Cauca resultará insuficiente, pues además de poner al día este puente, es necesario construir otro que permita la fluidez del tráfico en una zona que ya es conurbana y, por lo tanto, debe facilitársele su integración a Cali.