El Valle del Cauca espera que esta vez sí haya un Estado presente y comprometido con sus necesidades
Ojalá el gobierno de De la Espriella le dé la mano a las regiones
Los llamados “empalmes territoriales” anunciados por el presidente electo, Abelardo De la Espriella, constituyen una señal alentadora.
Si se cumplen como fueron planteados, pueden convertirse en el comienzo de una nueva relación entre el Gobierno nacional y las regiones, que debe ser una relación basada en escuchar, priorizar y resolver, en lugar de gobernar exclusivamente desde Bogotá.
Las necesidades de los territorios no siempre coinciden con las prioridades del poder central.
Son los alcaldes y gobernadores quienes conocen de primera mano los problemas de sus comunidades y quienes, en muchas ocasiones, deben enfrentarlos sin contar con los recursos suficientes para resolverlos.
De ahí la importancia de que el nuevo gobierno llegue a las regiones y construya, junto con sus autoridades locales, una agenda de trabajo.
Paradójicamente, el gobierno del presidente Gustavo Petro fue un gobierno ausente en muchas regiones del país.
El caso del Valle del Cauca resulta especialmente llamativo. Pese a la amplia votación que recibió aquí, el departamento nunca sintió un verdadero acompañamiento del Gobierno nacional.
Los 42 alcaldes del Valle y la gobernadora tuvieron que enfrentar prácticamente solos, con los limitados recursos de sus propios entes territoriales, enormes desafíos que requerían el liderazgo de la Nación.
La seguridad es el ejemplo más evidente; mientras las organizaciones criminales fortalecieron su presencia y aumentaron los hechos de violencia, las autoridades regionales se quedaron esperando un mayor respaldo nacional.
En salud ocurrió algo similar: las decisiones adoptadas por el Gobierno Petro llevaron al deterioro del sistema, y hoy hospitales y clínicas enfrentan una profunda crisis financiera afecta directamente a los pacientes.
En infraestructura tampoco llegaron las respuestas esperadas. Proyectos estratégicos para el desarrollo regional quedaron sin el respaldo nacional necesario, frenando obras fundamentales para la competitividad.
Ojalá el Valle del Cauca sea uno de los primeros destinos de estos empalmes territoriales. No para escuchar promesas, sino para comenzar a construir soluciones.
Después de cuatro años de un gobierno ausente e indiferente frente a muchos de los problemas de la región, los vallecaucanos esperan que, esta vez sí, la Nación les tienda la mano y trabaje de manera articulada con sus autoridades locales.