Hay que cuidarse de alimentar el pánico

¿Estamos retrocediendo?

viernes 9 de febrero, 2018

Al ELN hay que hacerle un llamado a la sensatez, y al Gobierno pedirle que no baje la guardia.

El paro armado anunciado por el ELN es un indicador preocupante de que la amenaza terrorista se mantiene latente en Colombia.

Es lamentable que este grupo armado ilegal haya optado por este tipo de presiones para obligar al Gobierno Nacional a retomar las conversaciones que se rompieron por la torpeza y la arrogancia de la misma guerrilla, errores en los que persiste, pues contrario a dar señales de voluntad de paz que justifiquen un nuevo diálogo, insiste en acciones que solo sirven para aumentar la desconfianza.

Si bien hay que cuidarse de alimentar el pánico, tampoco se puede caer en el error de minimizar esta amenaza, porque el país podría llevarse una sorpresa desagradable.

En ese sentido, es necesario tomar medidas para evitar que el país vuelva a la época de la zozobra por cuenta del afán del ELN por presionar al Gobierno Nacional a negociar bajo sus condiciones.

Al ELN hay que hacerle un llamado a la razón, a ver si sus cabecillas comprenden de una vez por todas que el tiempo para dejar las armas es ahora. Esta guerrilla debe mirarse en el espejo de las Farc, que negociaron de manera tardía con el Gobierno Nacional un acuerdo que no tiene mayor respaldo popular.

Si el ELN insiste en ataques como el de Barranquilla, en los secuestros, en asesinatos selectivos y en atentados contra los oleoductos, será imposible que los colombianos arropen un acuerdo con este grupo armado ilegal. Por eso, el único camino debe ser el de renunciar de inmediato a todas estas prácticas, para así generar la confianza que se necesita para volver a la mesa.

El Gobierno, por su parte, debe mantenerse firme en las condiciones y, mientras tanto, hacer el máximo esfuerzo para mantener a salvo a la población civil ante una arremetida de la guerrilla.

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