Fifa: ¿todo tiene precio?
La confirmación de la corrupción al interior de esta institución es un duro golpe a la confianza.
Aunque el escándalo que sacude a la Fifa viene a confirmar un rumor de vieja data que hablaba de las movidas bajo la mesa de los dirigentes del fútbol mundial, el pedido de extradición y la captura de siete altos miembros de la confederación internacional de este deporte, acusados de fraude, chantaje y lavado de activos, es una dolorosa confirmación que lleva a preguntar si en este mundo todo tiene precio.
Para un país como Colombia, donde cada hecho de corrupción es seguido por otro peor, la confirmación de sobornos al interior del máximo estamento del deporte que más emociona a sus habitantes deja la sensación de que todo está podrido.
Aquí y en cualquier parte del mundo este tipo de hechos desmotivan a los ciudadanos y los llenan de desconfianza generalizada frente a los gobiernos y frente a todas aquellas instituciones que representan poder.
Y es que hay ejemplos de todas las naturalezas, no solo en el sector público, que es el que siempre recibe el agua sucia cuando se habla de corrupción, también en el privado y en instituciones tan respetadas como la iglesia católica se han visto casos de altos dignatarios que se adueñan de lo que es colectivo o que, en su afán por enriquecerse, prostituyen su investidura y venden sus decisiones.
El caso de la Fifa debe motivar una cruzada mundial contra la corrupción, pues no puede ser que todo responda exclusivamente a valores particulares transables. La depuración, la denuncia y la sanción social deben convertirse en banderas en todas las instituciones públicas y privadas, grandes o pequeñas, antes de que esa creciente cultura corrosiva lo contamine todo.