Glifosato
Con o sin glifosato, Colombia no puede suspender la erradicación de cultivos ilícitos.
La propuesta de suspender la fumigación de los cultivos ilícitos con glifosato debe complementarse con otra que plantee un mecanismo de erradicación igual o más eficiente que este herbicida, pues al calor de la discusión sobre el tema se podría tomar una decisión que convierta de nuevo a Colombia en un paraíso para la siembra de coca, amapola y marihuana.
El pronunciamiento de las Farc, desde Cuba, a favor de la suspensión de las aspersiones es una señal de que el país no puede renunciar a la erradicación de cultivos ilícitos. Coincidencialmente, este grupo, cuyos cabecillas aseguran que no son narcotraficantes, tiene mayor presencia en los departamentos en los que están concentrados los cultivos ilícitos.
Con la evidente disminución de la ofensiva de las Fuerzas Militares y sin una erradicación efectiva de las plantaciones ilegales, la guerrilla tendría el camino libre para incrementar su negocio de narcotráfico.
La erradicación manual tampoco es el camino, pues además de ser menos efectiva, es altamente riesgosa, debido a que las plantaciones están protegidas por campos minados y los erradicadores son objetivo militar de la guerrilla.
En Colombia hay 48 mil hectáreas sembradas de coca, y si se deja de fumigar, los cultivos crecerían el 10% anual.
Esto representaría inundar los centros urbanos de drogas y aumentar los problemas de seguridad producto de la guerra por el control del microtráfico.
No es una decisión fácil, pues las dudas sobre los efectos del glifosato son preocupantes, pero los efectos que produciría no fumigar en la seguridad nacional serían muy graves.
Por eso, para tomar la decisión de continuar con este herbicida o suspender su uso es necesario tener certezas científicas, y en caso de que se compruebe que tiene efectos nocivos para la salud humana, debe sustituirse por otro método que impida el avance de los cultivos ilícitos.