Guerra sucia
Los caleños deben asumir una actitud de oídos sordos ante la guerra sucia y concentrarse en las propuestas.
La última semana de la campaña por la Alcaldía de Cali, en la que hubo denuncias contra dos candidatos y la guerra sucia a través de las redes sociales arreció, dejó la sensación de que el debate electoral está siendo desviado, como ha ocurrido en otras oportunidades en la ciudad, con la intención de manipular a los ciudadanos para que definan su voto desde lo emocional y no desde lo racional.
Ante este panorama, cuando faltan tres semanas para las elecciones, es necesario hacer un llamado a los caleños para que no caigan en el juego de confusión, a partir de difamación y supuestos, hacia el que algunos personajes maquiavélicos quieren llevar la campaña.
¿Como creer que es coincidencia que en la recta final de este proceso se revelen las demandas laborales contra Sidoc, la empresa de la que es propietario el candidato Maurice Armitage? ¿Cómo creer que es coincidencia que justo ahora se denuncie penalmente al candidato Angelino Garzón por supuestas irregularidades en una concesión vial cuando fue gobernador del Valle, cargo que dejó el 31 de diciembre de 2007? No sería raro que en lo que falta para el 25 de octubre, día electoral, haya más señalamientos.
Quien tenga denuncias, desde luego, debe ponerlas en conocimiento y las autoridades están en la obligación de investigar, pero los ciudadanos no deben dejarse llevar por señalamientos y supuestos no fallados en derecho que muy posiblemente tienen intereses electorales.
Hay que bajarle el tono a la campaña para que se puedan escuchar las propuestas. Este tipo de situaciones aumentan la apatía de los electores y, de seguir así, en los veinte días que faltan para las elecciones, contrario a darles razones a los caleños para votar, la guerra sucia terminará por alejarlos de las urnas y Cali volverá a tener un alcalde escogido en medio de un elevado índice de abstención.